Automatización interna · Agentes de IA · 2 días (MVP a producción, en evolución) · CTO + Builder · 23 julio 2026
Un asistente de Slack personal para cada empleado, en su propio equipo
Bot que responde en Slack por cada persona, ejecutándose en su Mac con su suscripción de IA. Con memoria privada que nunca sale del equipo.
Arquitectura
El problema: la IA que ayuda a una persona no escala al equipo
Tener un asistente de IA que conteste tu Slack, tramite tus tareas y recuerde tus conversaciones es potente — pero montarlo persona a persona es inviable, y hacerlo en un servidor central choca con dos muros: la privacidad (¿quién puede leer lo que cada uno habla en privado?) y el coste (facturar por tokens a nivel de organización se dispara).
Hacía falta un modelo donde la empresa gobierne cómo se comportan todos los bots, pero cada bot se ejecute en el equipo de su dueño, con su propia suscripción y sin que un solo dato personal salga de esa máquina.
La decisión: gobierno central, ejecución local
Separar limpiamente las dos mitades:
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El panel de la empresa (config y gobierno). Cada empleado, desde su avatar, define sus proyectos, sus condiciones ("responde solo a estas personas", "modo borrador", "solo fuera de mi horario"), sus fuentes de datos y sus guardarraíles. Todo vive en la base de datos de la empresa; los guardarraíles de seguridad son inmutables y comunes a todos.
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El runner en el Mac de cada uno (ejecución). Un servicio que arranca solo, lee el Slack de su dueño cada pocos minutos y actúa por él usando su suscripción de Claude Code — no la API de pago. Cuando entra trabajo real, lo lanza dentro del proyecto correcto (headless), lo autoprueba, crea el ticket en Jira y avisa en el hilo. Si la máquina se apaga, el panel lo marca como caído; cuando vuelve, retoma solo.
La clave: una memoria que nunca sale del equipo
Para responder como su dueño, el bot aprende de él — pero sin que eso viaje a ningún sitio:
- Su voz: destila cómo escribe (saludos, muletillas, emojis, longitud) en un perfil de solo-forma, sin citas ni datos.
- Sus relaciones: una ficha por persona con los temas abiertos y el tono de cada trato.
- Su histórico: todas sus conversaciones — texto, audios transcritos en local y fotos — indexadas en un fichero local buscable.
- Su correo: acceso de solo lectura a su Outlook, autorizado por él y revocable, para buscar y resumir emails cuando lo pide.
Todo esto vive en el disco de su Mac, con permisos restringidos, bajo una regla dura de no contaminación cruzada: lo que una persona habla en privado jamás se usa ni se insinúa al hablar con otra. Ni administradores de la empresa pueden leerlo.
Transparencia por diseño
Nadie debe confundir al bot con la persona. Cada mensaje que envía empieza con una marca explícita — "🤖 (asistente de …)" — y la primera vez que habla con alguien se presenta como asistente de IA. Es una regla del sistema, no configurable, alineada con la obligación de transparencia del AI Act.
El resultado
Un sistema donde una regla nueva ("sé más breve", "pon enlace a los tickets", "no hables en canales-tablón") se escribe una vez y todos los bots la aplican al día siguiente por auto-actualización — sin tocar ninguna máquina. Cada empleado tiene un asistente que suena a él, sabe de qué va cada conversación y trabaja en sus proyectos, con la garantía de que su parte personal empieza y termina en su propio equipo.
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